Romance

 

 

Una de las etapas más dolorosas del amor, es cuando se pierde ese amor, como diría Shakespeare en su personaje de Romeo: "Se burla del dolor el que nunca recibió una herida", así pues para hacer homenaje a esta parte que acompaña al Romance... Aquí unos poemas para todos aquellos que están pasando por esto, o para aquellos que en alguna ocasión lo han vivido.

 

 

 

 

NO SE LO QUE HE SOÑADO...

 

No sé lo que he soñado

en la noche pasada;

triste muy triste debió ser el sueño,

pues despierto la angustia me duraba.

 

Noté al incorporarme

húmeda la almohada,

y por primera vez sentí al notarlo

de un amargo placer henchirse el alma.

 

Triste cosa es el sueño

que llanto nos arranca,

mas tengo en mi tristeza una alegría...

sé que aún me quedan lágrimas.

 

 

Gustavo Adolfo Bécquer

 

 

 

A SOLAS

 

¿Quieres que hablemos?... Está bien..., empieza...,

habla a mi corazón como otros días...

Pero no... ¿Qué dirías?...

¿Qué podrías decir a mi tristeza?...

 

No intentes disculparte, todo es vano...;

ya murieron las rosas en el huerto;

y el campo verde lo secó el verano,

y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.

 

¡Amor arrepentido!...

¡Ave que quiere regresar al nido

a través de la escarcha y la neblina!...

Amor que vienes aterido y yerto...

¡Donde fuiste feliz ya todo ha muerto!...

No vuelvas... ¡Todo lo hallarás en ruinas!...

 

¿A qué has venido?... ¿Para qué volviste?...

¿Qué buscas?... ¡Nadie habrá de responderte!...

Está sola mi alma y estoy triste,

inmensamente triste hasta la muerte...

 

Todas las ilusiones que te amaron,

las que quisieron compartir tu suerte,

mucho tiempo en la sombra te esperaron,

y se fueron...  ¡cansadas de no verte!...

 

¡Cuando por vez primera

en mi camino te encontré,

reía en los campos la alegre primavera!...

Todo era luz, aromas y armonía.

 

¡Hoy todo cuán distinto!... Paso a paso,

y solo voy por la desierta vía;

nave sin rumbo entre revueltas olas;

pensando en las tristezas del ocaso

y en las tristezas de las almas solas.

 

En torno la mirada no columbra

sino asperezas, páramos sombríos;

los nidos en la nieve están vacíos,

y la estrella que amamos, ya no alumbra

el azul de tus sueños y los míos...

 

¡Partiste para ignota lontananza

cuando empezaba a descender la sombra!...

¿Recuerdas?... ¡Te imploraba mi esperanza!...

Pero ya mi esperanza no te nombra...

 

¡No ha de nombrarte!... ¿Para qué?...

Vacía está el ara y la historia yace trunca...;

¡ya para qué esperar que irradie el día!,

ya  para qué decirnos: ¡Todavía!...,

si una voz grita en nuestras almas: ¡Nunca!...

 

Dices que eres la misma, que en tu pecho

la dulce llama de otros tiempos arde,

que el nido del amor no está deshecho,

que para amarnos otra vez no es tarde.

 

Te engañas... No lo creas...

Ya la duda echó en mi corazón fuertes raíces...

ya la fe de otros años no me escuda...

¡Quedó de sueños mi ilusión desnuda,

y no puedo creer lo que me dices!...

 

¡No lo puedo creer!... Mi fe burlada,

mi fe en tu amor perdida,

es el ancla de una nave destrozada...

¡Ancla en el fondo de la mar caída!...

 

Anhelos de un amor, castos, risueños...

¡Ya nunca volverán!... Se van..., se esconden...

¿Les llamas?... Es inútil... ¡No responden!...

¡Ya los cubre el sudario de mis sueños!...

 

Hace tiempo se fue la primavera...

Llegó el invierno fúnebre y sombrío...

Ave fue nuestro amor...    Ave viajera...

¡Y las aves se van cuando hace frío!

 

Ismael Enrique Arciniegas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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