
Anjana
Cuenta una leyenda cántabra que un cazador, enfadado porque no lograba acertar con su escopeta a ningún pajarillo del bosque, comenzó a disparar de modo indiscriminado contra todo lo que se movía. Tras varios intentos, una liebre se cruzó corriendo entre sus pies y sin pensarlo, también le disparó, pero no lograba darle. La liebre se convirtió ante sus ojos en una bella mujer vestida de blanco que le miraba sonriendo.
El cazador se sintió atraído por la joven y se acercó a ella, que no se movió. El cazador pensó entonces que la mujer le deseaba tanto como él la deseaba a ella, así que la abrazó y comenzó a besarla. La joven seguía sin moverse.
El cazador notaba cómo un fuerte calor le consumía todo su cuerpo. Abrió los ojos y vio que la joven había desaparecido. Un enorme fuego era lo único que le ardía entre sus brazos. Corriendo, como si llevara al diablo con él, atravesó el bosque buscando un arroyo que calmara sus heridas. La camisa le ardía quemándole los brazos.
La dama Blanca
En Alemania son frecuentes los relatos que narran la historia de unas hermosas damas vestidas de blanco que se aparecen por el bosque.
Cuenta una leyenda que un niño pequeño se escapó una tarde de su casa para corretear con sus amigos por el bosque. Llevaban un rato jugando al escondite entre los árboles, cuando el niño notó que llevaba mucho tiempo sin ver a sus amigos. Salió de su escondrijo y los buscó por todos lados, pero por más que gritaba, ninguno de sus amigos podía oírle. Después de dar muchas vueltas el niño sintió que no le quedaban fuerzas, se echó al pie de un árbol y se puso a llorar.
Poco después escuchó las hojas de los árboles moviéndose, se quitó las manos de la cara y vio a una joven mujer vestida de blanco que estaba junto a él. Contó el niño que la mujer tenía la piel muy blanca y que su cabello era tan rubio que cegaba. La dama de blanco se le acercó, le tendió su mano y le llevó hasta el final del bosque, guiándole por caminos que sólo ella conocía. Antes de marchar la dama le dijo con voz suave: “Hasta que seas mayor no deberías jugar solito por el bosque”, le dio un beso y el niño salió corriendo hasta su casa.
Regresa a la Portada