Minific
Una historia de Navidad
Basado en “Christmas Caroll de Charles Dickens”
El frío comenzaba a colarse por la ventana abierta de la habitación los copos de nieve se arremolinaban en el aire, sin embargo a pesar del frío dentro de la oscura habitación no se había prendido la chimenea, un joven permanecía estático. Afuera un ajetreo se escuchaba, de pronto muy cerca se alcanzó a escuchar una tonada de un villancico. En ese momento el muchacho se levantó de la cama y cerró estruendosamente la ventana.
Unos minutos después alguien tocó a la puerta. Muy enfadado se dirigió a la entrada de su departamento.
- Ah, eres tú – dijo enojado - ¿Qué quieres?
- Terry, yo solo quería ver si querías venir a la fiesta de Navidad del grupo de teatro
- Karen… cuando digo que no, es no… ¿Qué les cuesta tanto trabajo comprender?
- No mates al mensajero, ¿ok? Me han mandado por eso vine.
- Pues no te hubieras molestado…
- Bueno ya te di el mensaje… a ver que día se te quita ese espíritu odioso que no te deja en estas fiestas…
- Si, si, Karen, eres una monada… ya puedes irte ¿verdad?
- Si, y pues Feliz Navidad…
- Mejor guárdate tus palabras…
Y diciendo esto cerró la puerta.
- Navidad, estupideces… esta es una fecha creada por los empresarios para dar gusto a sus bolsillos… creo que mejor el día de hoy me voy a dormir temprano…
Acababa de decir eso cuando una fuerte ráfaga de aire se adentró a la sala. Terry sintió un estremecimiento y enseguida dio un fuerte grito.
- ¿Quién eres tú? – preguntó Terry hacía un punto donde la sombra de una persona se miraba.
- Soy Neal Leegan - sonó una voz como de ultratumba…
- Pero tú estas muerto, el año pasado fuiste encontrado apuñalado en un viejo callejón – dijo Terry tratando de conservar la calma.
- Tienes razón – sonó de nuevo la voz – pero he venido a advertirte.
Al decir eso, Neal apareció frente a Terry, un espectro mejor dicho, que cargaba unas gruesas cadenas.
- No tienes nada que hacer aquí – dijo Terry con trémula voz – yo no creo en fantasmas….
- ¿Vez esta cadena? – le preguntó – La forjé en vida, odiando a todo el mundo y haciendo miserable la vida de los demás…
- ¿Y a mí que más me da? Yo no soy como tú.
- Oh, Terry, tu vida se parece tanto a la mía últimamente que me han mandado a darte esta advertencia, cambia tu vida, porque podrías terminar como yo…
- Vete… ya te he dicho que yo no creo en fantasmas…
- Esta noche te visitarán tres espíritus más… que te sirva de advertencia…
Y diciendo eso desapareció.
- ¡Cielos! Creo que debo dejar de tomar después de las comidas… me han causado alucinaciones…
Y sin darle más importancia Terry se dirigió a su recamara y se acostó en su cama. Era cerca de la medianoche cuando se escuchó como si un trueno hubiera caído justo en medio de la habitación. Terry despertó sobresaltado. Y vio como una fuerte luz estaba frente a él. Tan brillante que tuvo que colocar una de sus manos frente a sus ojos.
- ¿Quién anda allí? – preguntó Terry.
- Soy el espíritu de las navidades pasadas – le contestó alguien en medio de la luz.
- ¿Quién? No puedo ver nada…
Como si su lo que hubiera dicho fuera una orden, la brillante luz disminuyó mucho al grado que pudo ver quien estaba frente a él. La imagen de un joven rubio de ojos azules y mirada bondadosa apareció delante de él.
- Yo te he visto en algún lado – dijo Terry.
- Eso no tiene importancia – contestó el joven – lo único que importa es que hoy he venido a mostrarte algo que has olvidado.
- Ya se quien eres… tú eras él… una vez vi tu foto… tú eres Anthony.
- Te he dicho que eso no importa, que tengo algo que enseñarte.
- No me interesa – espetó Terry – yo estoy bien… y definitivamente también debo dejar de comer tanto…
Pero el joven se acercó a Terry y tocó su mano. En ese momento sintió como si un remolino lo hubiera levantado del suelo, cerró fuertemente los ojos y en seguida sintió que sus pies tocaban el suelo nuevamente. Terry esperó unos segundos para volver a abrir los ojos, y cuando lo hizo sintió un estremecimiento.
El lugar donde se encontraba parado hacía mucho tiempo que no veía, tanto que casi lo había olvidado por completo. Estaba en una gran sala donde un enorme árbol de navidad estaba colocado al lado de la escalera. La chimenea estaba prendida y había adornos navideños por todas partes. Pasaron unos segundos y una mujer elegantemente vestida entró a la habitación, en sus manos llevaba unos regalos que depositó con cuidado debajo del árbol. Esa mujer era su madre.
- Mamá – musitó Terry.
Pero la mujer pareció no escucharlo y se fue a sentar cerca del fuego. Afuera la nieve caía constante.
- Mamá – dijo elevando la voz.
- No puede escucharte – le dijo el chico rubio
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Que ellos son sombras del pasado, de algo que ya fue y que no se puede cambiar…
- ¿Entonces para que estamos aquí? – preguntó de mala gana Terry.
- Ya te lo he dicho, para recordar…
Terry abrió la boca y parecía que iba a decir algo, pero en ese momento un niño de no más de cinco años entró corriendo a la habitación.
- Mamita – le dijo al ver a la mujer y ella le sonrió y extendió sus brazos para recibirlo.
- Terry, hoy si te levantaste temprano…
- Es que hoy es Navidad – le dijo el pequeño.
Terry observaba todo, y se miró a si mismo cuando aún era un pequeño niño. Contempló mientras su madre y él abrían regalos muy emocionados. El muchacho no pudo reprimir sentirse muy triste, había olvidado ese día, había olvidado la emoción que había sentido al lado de su madre.
- Tenemos que irnos de aquí.
- ¿Tan pronto? – preguntó con un dejo de desilusión Terry.
- Si, todavía tenemos otras partes que revisar…
Anthony lo volvió a tocar y Terry repitió esa experiencia de estar en medio de un remolino. Por fin sus pies volvieron a tocar tierra y en esta ocasión se vio en la misma habitación, pero su madre estaba llorando.
- ¿Qué le ocurre? – preguntó Terry.
- Han tomado una decisión por ella - le contestó el muchacho rubio.
Eleonor estaba llorando aun cuando una sirvienta entró con un te en su mano.
- Señora, tómeselo, le hará bien.
- Gracias… - dijo la mujer - ¿y Terry?
- Todavía no se despierta…
- No, todavía no…
- ¿Ya preparó sus cosas?
- Si señora, todo como lo dispuso.
La mujer escuchó entonces el sonido de unas pisadas, se enjugó las lágrimas y después sonrío. Abrazó a Terry y abrieron los regalos…
- Esa fue la última navidad que pasé con ella – dijo tristemente el muchacho.
- No fue su decisión – señaló Anthony – hay que ver otras cosas.
Rápidamente Anthony tomó del brazo a Terry y se volvieron a elevar y a caer de nuevo suavemente. Terry abrió los ojos y miró el lugar a donde lo había llevado. Estaba en la mansión Grandchester, sus medios hermanos estaban muy pequeños, él tenía como 12 años y miraba como ellos se divertían abriendo los regalos, mientras que él había sido relegado, estaba mirando hacía la ventana. Su padre apenas y lo miró una vez mientras todos se divertían.
- Ese fue el primer año que no me dieron regalo de navidad – dijo con amargura Terry.
- Mejor dicho fue el primero en que te olvidaste de lo que significaba la Navidad.
- ¿Qué quieres decir?
- En que la navidad comenzó a perder sentido para ti – añadió Anthony – después de ese año, preferías irte de tu casa en esos días…
- ¿Qué tiene eso de malo? Tú no sabes lo horrible que era estar allí.
- Ven tengo algo más que mostrarte, el tiempo se agota…
Anthony y Terry entraron en ese remolino nuevamente y aterrizaron en un lugar que Terry recordaba a la perfección… ese lugar por más que quisiera jamás lo podría olvidar. Era la habitación de hospital donde Terry estaba con Susana.
- Pronto me dejaran ir a casa – susurró Susana.
- Si – dijo Terry
- ¿Realmente deseas pasar este día aquí? Puedes ir a tu casa si lo deseas...
- No tengo otro lugar en donde quisiera estar – dijo Terry apesadumbrado.
Terry apretó los labios.
- ¿Para que me muestras esto?
- Son nuestras decisiones las que nos hacen víctimas de las circunstancias...
- No entiendo ¿qué quieres decir?
- Mi tiempo se ha agotado... aprende de tu pasado para que no vuelvas a pasar por lo mismo – mencionó Anthony.
- Espera... explícame.
Pero Terry entonces miró y estaba de nuevo en su habitación, todo lucía normal, ¿acaso aquello había sido un sueño? ¿Había sido realmente una aparición? Un poco desconcertado Terry volvió a la cama.
Al dar la campanada de la una de la mañana, un fuerte gong llegó a sus oídos, Terry abrió con un poco de inquietud los ojos.
- ¿Ahora que? – se preguntó.
De la sala del departamento provenía mucha luz y alcanzaba a llegar hasta su nariz, el aroma de un delicioso festín.
Terry se levantó de la cama, ¿acaso alguien había entrado a su casa? Sigilosamente se acercó a la puerta y miró hacía la sala, al llegar allí no podía dar crédito a lo que sus ojos veían. Una gran cantidad de adornos navideños y de suculenta comida estaban esparcidos por todo el lugar.
- ¿Qué es esto? – preguntó con la boca abierta.
Por un momento Terry pensó que estaba soñando, pero entonces escucho una voz que provenía de detrás de un enorme árbol de navidad que estaba en medio del salón.
- Tenemos que apurarnos, mi tiempo en este mundo es breve.
Terry giró su cabeza para encontrarse con un hombre opulentamente vestido que usaba gafas.
- ¿Stear?
- No, soy el espíritu de las Navidades presentes.
- ¿es esto una broma? – preguntó
- Ven – le dijo al tomar su mano.
De nueva cuenta Terry tuvo esa sensación de estar en un remolino, finalmente se detuvo y Terry miró que era la fiesta del grupo de Teatro.
- Hay que brindar – propuso un chico al que Terry consideraba un simplón.
- ¡¡Por la felicidad!! – gritó una actriz joven que recién se había incorporado al grupo.
- ¡¡Para la buena fortuna!! – gritó otro actor.
Cada vez que alguien decía su brindis todos se llevaban a la boca la copa de vino que sostenían en sus manos. De repente cuando parecía que habían acabado de brindar por todo, Karen se detuvo en medio del salón.
- ¡¡Por Terruce Grandchester!!!
- ¿Estás loca? – dijo el actor simplón.
- Ese tipo odia todo y a todos… no creo que debiéramos brindar por él.
- Si, si debemos – refuto Karen – Porque él necesita más este brindis que cualquiera de aquí….
- Ya pues no te enojes – le dijo una chica.
- ¡¡Por Terruce Grandchester!!! – dijeron todos
Terry miraba todo con mucha seriedad, jamás había imaginado que alguien propondría un brindis a su salud.
- Tenemos que irnos… - le dijo el muchacho de gafas.
- Espera…
- El tiempo apremia – contestó al tiempo que lo volvía a tocar.
Terry volvió a sentir que se elevaba aunque en esta ocasión fue muy rápido el viaje, en esta ocasión miró hacía una habitación que el conocía muy bien, estaban en la casa Marlowe. La mujer estaba vestida de gala, y Susana a diferencia de todo el tiempo ella sonreía abiertamente.
- Así me gustaría verte todo el tiempo – señaló su madre.
- Es que me siento muy feliz. – dijo ella.
- Creo que estar al lado de Terry en vez de hacerte feliz es lo contrario...
- Mamá, no lo culpes...
- Siempre se porta tan grosero... – exclamó la mujer – ojalá fuera diferente...
Susana se quedó callada unos segundos. Y luego sonrió.
- Creo que debería dejarlo ir
- Pero ¿y tu hija?
- Yo... de todas maneras no seré feliz a su lado...
- Pues si eso fuera cierto linda, sería el mejor regalo de Navidad que pudiera pedir.
La señora Marlowe abrazó a su hija y Terry sintió una opresión en el pecho.
- ¿Es esto real? – le preguntó a Stear – ¿realmente esta sucediendo?
- Si, todo lo que has visto es real, pero ya tenemos que irnos de aquí, tenemos otro lugar que visitar.
Terry se vio envuelto nuevamente en el remolino, el viaje fue un poco más largo, cuando sintió que aterrizaba, estaba en una casa que a pesar de haber estado allí solo una vez, le resultaría imposible de olvidar.
- El Hogar de Pony – musitó Terry temblando de emoción.
Dentro del hogar, los niños cantaban unos villancicos, Candy los guiaba, con una enorme sonrisa en los labios. A un lado de la chimenea estaban Annie y Archie repartiendo unos regalos. Albert esbozaba una sonrisa mientras los niños jugaban con él. Todo el ambiente era de la más pura alegría.
Los niños gritaron de alegría cuando vieron que la comida estaba servida, todos corrieron hacía la enorme mesa llena de suculentos platillos, Candy entonces entró a la cocina, allí tomó el pan y lo comenzó a acomodar en una bandeja, y de repente se quedó estática, mirando hacía la nada...
- ¿Qué le pasa? – preguntó Terry, pero Stear no dijo nada y solo observó.
Unos segundos después Albert entró a la cocina.
- Candy, todos esperan – le dijo.
- ¿Cómo? – preguntó Candy un poco distraída.
- ¿qué te ocurre? – quiso saber Albert.
Candy solo esbozó una triste sonrisa en su rostro.
- Sigues pensando en él ¿verdad?
- Si Albert, es más fuerte que yo. Y en fechas como esta solo puedo pensar en él…
- Pues no lo se Candy – agregó Albert – lo único que se es que en una fecha como hoy no puede nadie estar triste... así que quita esa cara y sonríe...
- Lo siento Albert, creo que a veces me dejo llevar... pero si – dijo sonriendo – estoy contenta, tengo conmigo a todos mis amigos... creo que será una Navidad muy especial.
- ¡Claro que si! – exclamó Albert – vamos a celebrar.
Albert abrazó cariñosamente a Candy y los dos salieron de la cocina.
- Tenemos que irnos – dijo Stear con voz cansada
- No, yo quiero saber en quien esta pensando Candy
- Mi tiempo se agota – mencionó Stear.
Terry miró a Stear y se sorprendió de verlo, Stear lucía como un viejo de unos noventa años.
- ¿por qué estas tan viejo? – preguntó Terry.
- Mi vida en este mundo es muy corta, minuto a minuto me voy haciendo viejo, pronto pasaré a formar parte de las navidades pasadas... pero aunque mi vida es corta es demasiado intensa, recibo más alegría que cualquiera y disperso felicidad por todo el mundo...
- ¿Por qué te tomaste entonces el tiempo en mostrarme todo esto?
- Es para que conozcas, para que no olvides – dijo el viejo Stear.
- ¿Olvidar que?
- Que no hay dos cosas peores que la Ignorancia y la Necesidad... ellas van agarradas de la mano y en sus frentes llevan escrita la palabra “DESTRUCCIÓN”... recuérdalo... y no olvides....
Diciendo esto una luz resplandeció hasta el punto que Terry tuvo que cerrar sus ojos, cuando los volvió a abrir estaba de nuevo en su alcoba. Se sentía muy cansado, y estaba emocionado, acababa de volver a ver a Candy después de tanto tiempo... ¿pero en quien pensaba? ¿Por quién sufría tanto la muchacha a la que él amaba tanto? Su cabeza comenzó a dolerle un poco así que mejor decidió dormir.
A lo lejos se escucharon las campanas de la Iglesia que quedaba a unas cuadras del departamento de Terry. Las dos acababan de dar. Terry se despertó con el movimiento de su cama.
- ¡¡Un terremoto!! – exclamó con un dejo de temor.
Pero al volver la vista delante de su cama, fue cuando ahogó un grito de profundo terror, algo más similar a un espectro que todo lo que había visto esa noche. Alguien estaba parado al píe de su cama, una persona a quien no le podía ver la cara, esta cubierta por una enorme capucha de color negro igual que el resto de su vestimenta.
- ¿Quién eres tú? – preguntó Terry cuando pudo articular palabra.
Pero no le contestó, por un momento Terry pensó que no había nadie delante de él, no obstante, por lo contrario a lo que pensaba, comenzó a sentir como si unos ojos lo miraban debajo de la capucha. El corazón de Terry comenzó a latir con fuerza. Se acercó a la figura y la tocó… no porque él se lo hubiera dicho, sino porque sabía que tenía que hacerlo. Al momento de tocarlo volvió a sentir ese remolino, cuando abrió los ojos estaba en medio del salón de ensayos del grupo de Teatro. Karen estaba visiblemente alterada.
- ¡¡¡La desgracia cae sobre nosotros!!!
- Deja de hacer melodramas – le dijo de mala gana uno de los actores – no es el fin del mundo.
- Alguien ha muerto ¿acaso eso no te importa?
- Y que más da que haya muerto… - contestó el muchacho – a él tampoco nadie le importaba…
- ¿Pero y la obra? – sollozó Karen…
- Ja, ja, ja – comenzó a reír de buena gana el muchacho – por un momento pensé que realmente estabas abrumada por su muerte…
- Pues un poco si…
- Deja de decir sandeces ¿quieres? A nadie le importaba él, no era más que un muchacho egoísta que creía que siempre estaría en la cima del mundo…
- Oigan chicos – dijo el actor simplón – me acaban de informar que la cena Navideña se canceló.
- ¡Rayos! – exclamó el muchacho – esto si que es de lamentarse.
Terry sintió un escalofrío, y miró a la figura a su lado…
- ¿De quien hablan?
Pero la figura no le contestó, simplemente lo volvió a tocar y Terry sintió que despegaba del suelo y que caía suavemente en una habitación de hospital. Afuera de una habitación estaba la señora Marlowe quien lloraba a mares.
- Pobre hija mía… esta noticia le ha resultado fatal…
- Lo lamento mucho… - le decía una de las enfermeras – ella siempre fue amable con nosotras…
- Si no hubiera sido por él…
- Si, ella no pudo soportarlo… pero ahora descansa en paz.
La mujer siguió llorando y la figura volvió a tocar a Terry, en esta ocasión volvió al hogar de Ponny.
Candy estaba sentada sobre una roca, y la nieve comenzaba a caer, usando un vestido de luto. Su cara se veía demacrada.
- Candy, entra, aquí te vas a congelar – le dijo Annie.
- Solo un rato más…
Annie regresó a la calidez de dentro, mientras que Candy se quedó en medio de la nieve.
- ¿Por qué te fuiste? Tenías tanto para dar… ¿Qué ocurrió contigo? – dijo para sí.
- Creo… que él ya había muerto… - dijo Albert que se acercaba a Candy.
- ¡¡Es tan injusto!! – profirió Candy.
- El murió el día que te dejó… - aseveró el muchacho rubio.
- Era un ser excepcional…
- Todos dicen que había cambiado mucho, se había vuelto prácticamente un ermitaño y trataba con descortesía a todos.
- ¡¡Oh eso es horrible!!
- No pienses más en eso, vamos ven adentro…
Candy se abrazó a Albert y él la besó en la frente y caminaron juntos hacía dentro del hogar…
Terry hizo amago de seguirlos.
- No entiendo nada… ¿Quién murió?
La figura encapuchada lo tomó de la mano y en esta ocasión llegaron a una tumba nueva. Solo había una persona en el funeral, una mujer de aspecto distinguido.
- Eleonor, es hora de irnos – le dijo alguien desde el carruaje…
- Solo un poco más
- Hace frío, y tienes presentación esta noche…
- No se si podré – sollozó la mujer.
- La función tiene que continuar… lo sabes muy bien…además sabes que nadie conocía el parentesco que los unía…
- ¿Entonces porque no esta él aquí?
- No lo se – dijo Robert Hathaway un poco desesperado – pero si no quieres levantar suspicacias será mejor que nadie te vea aquí.
- ¿Por qué insisten en separarme de él? Cuando era un niño, y ahora así de esta manera tan cruel…
- Eleonor, cálmate, bien sabías que tu hijo andaba en malos pasos… esas borracheras no le iban a dejar nada bueno.
- Pero así, morir como si fuera un delincuente…
- Eso pandilleros lo andaban buscando desde hacía tiempo, no puedes culparte por ello.
- Si, claro que puedo – espetó la mujer – debí haberlo protegido, yo como su madre debí haber hecho algo más por él…
- Nada puede hacerse ya… y tu te debes a tu público… tenemos que irnos.
Casi a la fuerza, Robert hizo subir a Eleonor al carruaje que se fue dejando aquella nueva tumba totalmente desolada. Terry sabía de quien era la tumba, pero aún así se acercó a ella y miró su nombre grabado en el frío mármol.
- ¿En una pelea de pandilleros? – susurró mientras una lágrima caía de su ojo - ¿es que mi vida es tan miserable que solo pudo traer desgracias a todos?
Terry volteó su cabeza hacía el encapuchado…
- Dime… ¿es esto real? ¿es esto lo que va a suceder? Vamos dímelo…
Pero el encapuchado siguió con su silencio sepulcral.
- Quiero cambiar… - dijo mientras se dejaba caer en el suelo - Se que puedo hacerlo, tienes que darme una oportunidad. He visto mis errores, he entendido ahora lo que quiso decir sobre la ignorancia y la necesidad… dime que puedo cambiar… dímelo.
La figura simplemente lo volvió a tocar y Terry siguió llorando, entonces cuando volvió a aterrizar estaba sobre su cama, con la cara húmeda por las lágrimas. Miró el reloj que estaba sobre la chimenea, marcaban las 9 y el sol entraba por la ventana. Terry palpó su pecho como para cerciorarse que estaba vivo.
Al ver que así era, dibujó una gran sonrisa en su rostro… en ese momento escuchó unos villancicos… Terry corrió hacía la ventana y miró hacía abajo.
- Hey ustedes – les gritó.
- Lo lamento señor… - gimió una chica que cantaba – no queríamos molestarlo.
- ¿Qué día es hoy?
- ¿Hoy? – preguntó extrañada la muchacha
- Si, hoy
- ¡Vaya pregunta! Hoy es Navidad.
- No… eso fue ayer…
- Señor creo que se equivoca – refutó la chica – Hoy es 25 de Diciembre… es Navidad.
Terry iluminó su rostro con otra sonrisa, tomó un puñado de monedas y las arrojó.
- Disculpen que no baje a dárselas yo mismo pero tengo algunas cosas que hacer – dijo con mucha alegría.
Rápidamente se vistió y fue derecho a visitar a Susana. Ella al verlo se sorprendió mucho.
- Pero ¿Qué haces aquí? – preguntó ella.
- Susy, linda, siempre tan dulce – dijo él - ¿Por qué estas aún conmigo?
- ¿pero que clase de pregunta es esa?
- Susy, no quiero hacerte daño… mi sola presencia te lo provoca, ya nunca te veo sonreír…
- Es que yo…
- La vida es muy corta – le dijo tomando sus manos – y vivir atada a mi no te llevará a nada bueno… en este momento no puedo ofrecerte mucho porque he dejado de sentir…
- Pero…
- Espera Susy, últimamente no he sido yo mismo, no me agrada la persona que soy, y si continuo a tu lado solo te contagiaré esta apatía…
- ¿Quieres decir que vas a buscarla? – preguntó ella con una débil sonrisa
- No se que va a pasar, pero eso trataré… quizá es demasiado tarde.
- No, nunca es demasiado tarde – le dijo ella.
- Nunca te faltará nada, eso si te lo prometo…
- No tienes que preocuparte por mi, porque se que todo estará bien…
Después de unas palabras de despedida, Terry corrió por las calles donde todos lo miraban con curiosidad. Pasó a la casa de su madre. Quien al verlo se sorprendió mucho.
- ¿Qué haces aquí?
- Solo quería que supieras que no importa lo que haya pasado, eso ha quedado en el pasado… y que entiendo perfectamente que por tu carrera tienes que guardar algunas verdades… pero siempre te he apreciado mucho… y que aún llevó en mi corazón esas navidades que pasé a tu lado…
- Terry – musitó la mujer.
- Lamento no poder repetir la experiencia este día pero tengo algo que hacer.
- Si, claro – respondió casi mecánicamente Eleonor.
- ¡Feliz Navidad Mamá!
Y diciendo esto salió de la casa de la actriz, dejándola en una total confusión. Terry entonces se fue directo a la estación de tren y compró un boleto. Subió allí y después de muchas horas llegó a Chicago, aún estando en la estación, hizo una llamada.
- Karen, si ¡Feliz Navidad! En serio, lo estoy diciendo en serio… no, no voy a ir a la cena, estoy en Chicago… ¿Qué hago aquí? Bueno eso lo voy a averiguar… dales a todos mis saludos… diles que los veré después.
Terry colgó el teléfono y subió a un carro.
Cuando llegó al Hogar de Ponny supo que era el momento correcto. Se aproximó a la puerta y tocó levemente. Un niño muy alegre le abrió. Terry apenas y dijo un “buenas noches” y se pasó hasta la cocina, donde Candy estaba acomodando los panes.
- ¡Candy!
- ¿Qué haces aquí? –preguntó Candy sorprendida
- He sido un tonto y vengo a componer todo lo que destruí… ignoraba cuanto te podía llegar a extrañar, y la necesidad de tenerte a mi lado…
- Terry – musitó Candy.
- ¿habrá alguna posibilidad de que me aceptes de vuelta?
- Si Terry, claro que si – dijo ella entre lágrimas – pero ¿y Susana…?
- Ella sabe que solo puedo amarte a ti y a nadie más – le dijo Terry
Candy no pudo soportar más, las palabras eran inútiles en ese momento, así que se le abrazó y le besó con ternura.
La noche estaba a punto de caer y a lo lejos unas campanas replicaban aunque esta vez su melodía era muy diferente.
La felicidad que embargaba a los dos corazones era tanta que lo único que podían hacer en ese momento era compartirla con los demás. Así que entonces los dos se dirigieron a la cocina y se reunieron junto con el resto para celebrar la primera de muchas Navidades por venir. A partir de entonces Terry jamás olvidó esas advertencias que le dieran los tres espíritus, siguió aprendiendo de su pasado, y haciendo que su futuro cambiara positivamente no solo para él sino para todos los que le rodeaban.
"La paz y el amor son capaces de mover montañas" ¡Feliz Navidad!