La muñeca de la caja

 

El paquete.

 

Esa mañana el otoño se había dejado sentir con intensidad, el viento frío el norte había golpeado al Real Colegio San Pablo, los estudiantes se hacinaban en los pocos cuartos comunes que existían en las instalaciones. Candy a diferencia de ellos había decidido ir a visitar la segunda colina de Ponny, ella en realidad disfrutaba esos días en que los jardines estaban tan solitarios, el frío no le importaba, estar cerca de su colina le hacía rememorar los días tan felices que había pasado allí. Y eso le hacía sentir mucha calidez dentro de ella.

 

-         Vaya señorita pecas, usted no aprende a no trepar a los árboles ¿verdad? – dijo socarronamente Terry quien se acababa de acercar

-         ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no estas con los demás?

-         Iba a hacerte la misma pregunta, señorita Pecas

 

Mientras los dos muchachos hablaban, desde un punto a lo lejos alguien los observaba.

 

-         Así que sigue viéndose con él… me las pagarás.

 

Eliza caminó rápidamente hasta el edificio de dormitorios, allí la gente se amontonaba en los pasillos y hablaban en susurros, la chica pasó de largo hasta llegar a las habitaciones, rápidamente entró a su recamara, unos segundos después salió de allí llevando un paquete en sus manos, miró hacía ambos lados asegurándose de que no hubiera nadie más en el pasillo, entonces se dirigió a la habitación de Candy, puso su mano sobre el pomo y después sonrió con satisfacción, estaba abierta, la abrió con sigilo y entró a ella.

 

La habitación estaba limpia, todo en orden. Eliza puso el paquete sobre el escritorio.

 

-         Eres una tonta, se que la curiosidad podrá más que cualquier otra cosa – dijo para sí.

 

Y diciendo esto, abrió la puerta ligeramente y miró hacía ambos lados y viendo que el pasillo estaba solo salió de allí y se dirigió hacía la planta baja para reunirse con las demás chicas antes de que alguien notará de que ella no estaba con ellas.

 

El día terminó tan normal como podía terminar, después de haber estado con Terry con su interminable discusión de que ella no se llamaba Señorita Pecas. La cena había estado tan deliciosa como de costumbre, las demás chicas charlaban entre ellas los cotilleos comunes, de los cuales Candy siempre era excluida, sin embargo eso no le importaba y prefería mantenerse al margen. No importaba cuanto lo tratara, siempre sería igual, ella no cambiaria y esas chicas tampoco.

 

Después de terminar la cena se digirió a su habitación, ansiaba tener un largo sueño para recuperar fuerzas para el día siguiente ya que tenía clases desde muy temprano, y no quería llegar tarde, los regaños por tardanzas eran muy duros y prefería evitarlos aunque con esto tuviera que dormir menos.

 

Cuando llegó a su cuarto se percató del paquete que estaba sobre su escritorio. Candy miró a todos lados como queriendo sacar una explicación del mismo. Pero no obtuvo respuesta alguna.

 

-         ¿Quién lo habrá dejado aquí? – se preguntó

 

Las pesadillas de Candy

 

Candy lo dejó allí sin abrirlo, no sabía que contendría o quien se lo había mandado. Esa noche le costó un poco conciliar el sueño, por fin ya pasada la medianoche pudo hacerlo, al día siguiente se sintió muy agotada durante todo el día. Cuando terminaron las clases salió al jardín, y estando allí se había acomodado en una sección de hierba y estaba empezando a dormitar cuando la despertaron.

 

-         Candy, no deberías hacer eso – dijo riendo Archie

-         Ahh, ¿cómo les va chicos?

-         ¿Cómo te va a ti? Mírate estas durmiendo en el jardín… - comentó Archie.

-         No se, anoche no pude conciliar el sueño me costó mucho trabajo poder dormir y por poco llego tarde a clases.

-         Que mal Candy… ¿Qué es lo que te preocupa? – le preguntó Stear.

-         Pues realmente nada, solo quería llegar a tiempo a clases, pero eso nunca me había quitado el sueño.

-         Quizá te estas esforzando demasiado – sugirió Archie.

-         Podrías tomarte un te tranquilizador antes de dormir… ya sabes de esos que se toma la tía Abuela…

-         Eso no me hace gracia…

-         Si no lo dije como broma – aseveró Stear – en realidad podría ayudarte a dormir mejor.

-         Esta bien, lo intentaré… porque en realidad no me gustaría estar así el día de mañana.

 

Esa noche antes de dormir Candy siguió el consejo de Stear y tomó el té, lo que la hizo dormir, pero sus sueños comenzaron a ser perturbadores, comenzó a soñar que el paquete se abría y de allí salían toda clase de monstruos. A mitad de la noche se despertó sobresaltada.  

 

Sentía que el corazón le latía rápidamente, y se quedó despierta de allí en adelante mirando el paquete de reojo… ¿acaso estaba preocupada por el paquete? Había preguntado a las monjas si había llegado algo para ella, pero nadie había sabido darle explicación al respecto. Por lo que había dejado el paquete intacto.

 

Al día siguiente las ojeras comenzaban a notársele. Y sus amigas comenzaron a hacer preguntas.

 

-         Candy te ves cansada ¿No has dormido bien? – preguntó Annie,

-         No, la verdad es que no, pero son tonterías, tuve pesadillas anoche y ya no quise volver a dormir.

-         El sueño es solo un reflejo de nuestra vida, las pesadillas de nuestros temores – sentenció Patty.

-         Eso quiere decir que soy una chiquilla cobarde…

-         Tal vez te estas preocupando por algo… trata de calmarte y todo saldrá bien  ya verás.

 

Candy sonrió con indulgencia, porque ya había tratado calmarse para dormir y definitivamente el resultado había sido peor.

 

Esa noche tenía mucho miedo de irse a dormir, algo le decía que iba a volver a pasar una mala noche, pero no quería externar sus miedos, no quería preocupar a sus amigas que habían pasado toda la cena mirándola celosamente.

 

Cuando se despidió en el pasillo de ellas, entró al cuarto e inmediatamente prendió la luz.

 

-         Me estoy volviendo paranoica – se dijo Candy al ver lo infantil que estaba resultando.

 

Se cambió de ropa, se puso su camisón y se dispuso a dormir. El cansancio había menoscabado su habitual vitalidad y el cansancio la había vencido casi inmediatamente. Se quedó profundamente dormida, pero al igual que en las noches anteriores comenzó a tener sueños, en esta ocasión, del paquete salía un humo espeso que la envolvía y no podía encontrar la puerta para salir del cuarto. Comenzó a sentirse angustiada y finalmente despertó en medio de sudoraciones.

 

 

Atrapada sin salida

 

Al abrir los ojos, vio la luz de la luna que penetraba por el amplio ventanal que daba a los jardines del colegio. Sobre el escritorio el misterioso paquete. Como si estuviera hipnotizada por el mismo se acercó a el, y cuidadosamente lo desenvolvió.

 

Candy se llevó una agradable sorpresa, debajo del papel marrón estaba una caja de cristal que contenía una linda muñeca de porcelana vestida con corsé y una larga falda llena de holanes y encajes. Al verla detenidamente se dio cuenta de que la muñeca se parecía mucho a ella, era rubia, de cabello rizado y de ojos verdes, unas cuantas pecas adornaban la simétrica cara de la muñeca.

 

Candy río para sí, no podía creer que el paquete le estuviera dando tantos problemas, ya en alguna ocasión alguien le había dicho que era demasiado curiosa, pero nunca creyó que esa curiosidad le traería algún tipo de problema. La muchacha con cuidado depositó la caja de cristal sobre el escritorio y pensó que debía de habérsela mandado el tío Abuelo, pero que se había perdido la nota en alguna parte.

 

Mucho más tranquila fue a dormir. Después de haber abierto la caja, Candy pudo dormir plácidamente esa noche, aunque eso no le impedido soñar, esa noche soñó con la muñeca y que todos le decían que era tan hermosa como la muñeca.

 

A la mañana siguiente, antes de arreglarse tomó la caja para mirar mejor la muñeca, a la luz del día se notaba más el parecido con Candy, tanto le gusto que abrió la tapa de cristal que le impedía tocar la muñeca, después la tomó con la mano.

 

En ese momento sintió como si cayera rápidamente, pasaban los minutos y seguía cayendo, finalmente tocó el piso, pero no cayó estruendosamente como esperaba hacerlo, sino que lo piso como si hubiera estado volando y aterrizara suavemente sobre el piso.

 

Entonces volteó a todos lados y solo miraba la espesa neblina que había mirado en su pesadilla, y por más que miraba hacía todos lados no podía encontrar la salida, no podía ver nada más que esa niebla.

 

Preocupada por la moda

 

El Colegio comenzaba su mañana normal, los estudiantes desayunaban tranquilamente, Patty y Annie los acompañaban.

 

-         Oye Patty ¿no te parece raro que Candy no haya llegado? – inquirió Annie – Es muy raro que ella se pierda el desayuno…

-         Si lo pones así es raro que se pierda alguna de las comidas – dijo en medio de risas Patty.

-         Si, por eso me parece raro…

-         Ahh, mira allí viene…

-         ¿Dónde? – preguntó Annie.

-         Allí… mira.

 

Por la puerta del comedor acaba de atravesar Candy, utilizando el vestido que usaba la muñeca, junto con el tocado y el sombrero. Las demás chicas no se preocuparon por señalarla, un murmullo generalizado se extendió por todo el lugar, algunas chicas se burlaban abiertamente, y al fondo se miraba a Eliza que tenía una sonrisa torcida en los labios.

 

-         ¿Te refieres a la que trae el sombrero ridículo? – preguntó Annie asombrada

-         No es ridículo… - quiso disculparla Patty.

 

Annie la miró severamente.

 

-         Bueno si, tal vez un poco…

-         Hey Candy, aquí estamos – dijo Annie cuando miró a Candy, ella las miró con indiferencia, pero dado que nadie más le había llamado se fue a sentar junto a ellas.

-         Candy – le dijo en voz baja Patty - ¿Por qué traes puesto ese vestido? ¿El festival de otoño es hasta la semana que viene?

-         ¿No te gusta? – preguntó mirándola fríamente.

-         Es… esta bonito – mencionó Annie – pero bueno un poco pasado de moda ¿no crees?

-         ¿Pasado de moda? – inquirió abriendo los ojos.

-         Candy, esa moda era el último grito hace como 50 o 60 años, en este momento, ya no se utiliza algo así.

-         ¿En serio?

-         Además – agregó Patty – en días de escuela todas usamos uniforme… ¿no querrás que te castiguen verdad?

-         ¿Entonces esto no esta de moda? – preguntó como si no acabara de escucharla

-         ¡Candy! ¿te sientes bien?

-         No, no me siento bien – dijo rápidamente al tiempo que se levantaba

-         ¿A dónde vas? – le preguntó Annie

-         A cambiarme ¿a dónde más?

 

Y diciendo esto salió del comedor, dejándolas confundidas.

 

-         ¿Qué le pasa a Candy?

-         No tengo la menor idea.

 

¿Acaso no soy linda?

 

Annie y Patty tuvieron la intención de ir a ver que le sucedía a Candy, pero cuando iban para su habitación se dieron cuenta de que ella ya iba de regreso utilizando el uniforme escolar, pero en vez de utilizar las dos coletas, se había hecho un elaborado peinado que dejaba parte de su cabello suelto.

 

-         Candy, ¿Qué te has hecho en el cabello? – preguntó Annie

-         Me lo he peinado…

-         Si, pero nunca te lo peinas así – aseveró Patty

-         Silencio – espetó la monja que acababa de entrar

 

La clase habría transcurrido mucho mejor si Candy no hubiera estado lanzando risas tontas cada tres palabras que hablaba la monja, finalmente la mandó castigada a la otra aula hasta que aprendiera a comportarse.

 

Cuando Annie y Patty salieron de la clase, fueron directamente a buscarla, pero no la encontraron, Candy se había ido ya.

 

-         Esta muy rara – dijo Annie algo preocupada.

-         Lo se, hay que encontrarla, quizá las pesadillas continuaron…

-         Si Patty, las pesadillas son una cosa, pero estar actuando así…

 

Patty se encogió de hombros y miró hacía el pasillo buscando con la mirada por si la veía, pero parecía que se había esfumado.

 

Por el jardín, Candy paseaba, mirando hacía los árboles hasta llegar a la segunda colina de Ponny, pero en el lugar estaba Terry fumando.

 

-         ¡Vaya! ¡Vaya! Mira que nos trajo el viento – dijo sonriendo.

-         ¿Estas fumando? – preguntó Candy

-         Si, ¿Por qué? ¿Te molesta?

-         No – dijo ella mirándolo con los ojos prácticamente sin expresión

-         ¿No vas a enojarte porque este fumando? – inquirió extrañado Terry.

-         Todo mundo fuma – dijo ella sonriendo tontamente.

-         ¿Qué le paso a tu cabello? ¿Le quieres hacer competencia a los poodles?

-         No – dijo ella ladeando la cabeza.

-         ¿Te sientes bien? – preguntó el muchacho comenzando a preocuparse

-         Si – dijo ella aún inexpresiva

 

Pero Terry sintió que algo no estaba bien, no aquella no podía ser Candy, ella jamás desaprovecharía la oportunidad para discutir con él y mostrar sus puntos de vista, la miró detenidamente y solo podía ver el elaborado peinado que estaba utilizando, ese tipo de cosas no era precisamente lo que Candy consideraría para un día de escuela, ese tipo de peinado le impediría subir a los árboles.

 

-         ¿No quieres subir a la parte alta del árbol? – sondeó Terry

-         No, no puedo, mi vestido se ensuciaría y mi peinado se estropearía… mejor me quedo aquí.

 

Terry abrió los ojos asombrado, una fuerte ráfaga de viento levantó algunas hojas de árboles y atravesó el lugar suspendiéndolas en el aire, él miró a través del pequeño remolino y alcanzó a ver una sonrisa un tanto cruel en Candy. “Ella no es así” pensó un poco asustado, cuando la ráfaga se había ido, ella había adoptado de nuevo la inexpresión en su rostro.

 

-         ¿Qué pasa? – preguntó ella al ver que no dejaba de verla

-         Estás muy diferente el día de hoy – dijo muy serio Terry.

-         Pero estoy muy bien. ¿acaso no soy linda?

-         Depende de lo que se vea, en realidad hoy no te encuentro particularmente agradable… lo siento

 

Y diciendo esto dio la media vuelta para internarse en el bosque, mientras que Candy lo miraba con el mismo gesto de crueldad que antes había captado en medio del viento.

 

La belleza lo es todo

 

Archie y Stear estaban en una de las plazoletas, Archie miraba a su hermano trabajar en uno más de sus locos inventos.

 

-         ¿Y ahora que es lo que haces? – preguntó Archie.

-         Es una máquina que pronostica el clima – aseguró Stear.

-         ¿Y funcionará? – preguntó con un dejo de sorna

-         No deberías burlarte así de mi, esta mañana lo probé y me dijo que haría un día soleado y cálido.

-         Cosa que es incorrecto – apuntó Archie – por lo que deduzco no funciona como es debido.

-         Algo raro sucede, este clima no es normal, este frío es casi glaciar, pero no es normal tanta neblina, desde esta mañana se ha posado sobre el colegio… ¿no te has dado cuenta?

-         Stear, tu máquina no funciona, no quieras excusarlo con estas teorías de que algo raro sucede… no sirve y punto…

-         ¿En serio nunca puedes confiar en mi?

-         En ti confío – dijo Archie – en lo que no confío es en esos inventos que haces…

-         Despreciarlos es como despreciarme a mi…

 

Archie abrió la boca pero en ese momento se percató de la presencia de Candy que los miraba fijamente de en medio de los árboles.

 

-         Candy – dijo dando un respingo – me has asustando

-         ¡Que rara te ves! – exclamó Stear – ¿Por qué estas peinada así?

-         Ahhhhgg, - espetó Archie – ¡Pero que poco tacto tienes para hablar con las damas!

-         Pero es que se ve rara – refutó Stear

-         ¿Rara? – inquirió Candy frunciendo el entrecejo y mirándolo fríamente.

-         Candy, comprende que a los genios no se les da muy fácil el ser galantes con las muchachas hermosas. – mencionó al tiempo que miraba al azorado Stear – hoy te ves especialmente hermosa

 

Candy sonrió bobamente y Stear la miró extrañado, Archie sonrió francamente, y le besó la mano a Candy. Ella se sonrojó y miró a Archie, con lo que cualquiera podía llamar una mirada ensayada. Pero Archie estaba extasiado por ella y no lo notó aunque Stear lo percibió perfectamente.

 

-         ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en el dormitorio ya?

-         Si, Stear tiene razón, esta a punto de anochecer, ven te escoltaré

 

Candy le devolvió la sonrisa aunque en esta ocasión Archie vio con extrañeza que su sonrisa no era la de siempre, había algo repulsivo en ella. Sintió una especie de escalofrío que recorrió su cuerpo. Por primera vez desde que se la había encontrado esa tarde, sintió lo que quizá Stear sin dejarse cegar por la belleza de la chica había notado. Era una bellaza en si, pero una belleza fría, como si estuviera esculpida en mármol, no mostraba la verdadera belleza que el amaba, no era ese encanto único y maravilloso que solo le hacía pensar en ella, había perdido la dulce brillantez en sus ojos, y esa maravillosa risa cristalina que no ocultaba sus sentimientos sino que los hacía más evidentes.

 

En un momento sintió que la piel se le erizaba, ese tipo de belleza que estaba emanando Candy en vez de gustarle le empezaba a asustar. ¿Era por eso que había reído e incluso coqueteado con él hacía unos minutos?

 

Se habían quedado tan callados que lo único que se escuchaba era el roce de la tela del uniforme de Candy al pasar entre las ramas, la cara de Archie era la de preocupación, no sabía como preguntarle a Candy… de hecho comenzaba a sospechar si no sería una persona que se parecía demasiado a ella.

 

Cuando por fin llegaron al dormitorio de las chicas, Archie en parte pareció aliviado se inclinó para besar su mano, y cuando la tomó le pareció todavía más fría que el viento que azotaba su cara.

 

-         Hasta aquí puedo acompañarte, espero que puedas llegar sola a tu habitación – dijo él tratando de no mirarla a los ojos.

-         Gracias – susurró como si no quisiera darlas.

 

Después de decir eso se alejó de Archie y con indecisión entró al dormitorio. Archie pensó que después de todo no estaba tan bella como lo estaba siempre.

 

En la caja de cristal

 

Candy subió las escaleras, y temblaba al momento de entrar a la habitación. En cuanto entró la niebla que cubría a Candy desapareció y vio ante ella su habitación, y entonces lanzó un terrible grito que nadie más que ella pudo escuchar. Se veía a si misma, y todo parecía mucho más grande lo que era, las paredes eran transparentes, las toco con sus manos y estaban heladas como si fueran de hielo. Entonces lo comprendió todo, ella estaba encerrada dentro de la caja de Cristal, pero no sabía porque estaba pasando eso…

 

Recordó haber tocado la muñeca, ¿Qué había pasado? ¿Era acaso que la muñeca había cobrado vida?

 

-         No puedo tenerte aquí – dijo la Candy que estaba afuera – me estas robando la energía que te he robe… si te mantengo aquí terminaras por volver a ser tu misma y yo regresaré a esa caja.

 

Diciendo esto sujetó la caja en sus manos y salió de la habitación. Salió hacía el bosque, llevándola con ella.

 

Dentro de la caja, Candy sentía el movimiento más fuerte que un terremoto y sin nada de donde poder detenerse y era golpeada contra los fríos cristales que formaban la misma.

 

Por fin sintió que se detenía, la muñeca que había cobrado vida la había depositado a un lado mientras comenzaba a excavar un hoyo en medio del bosque, abrió un hueco no muy profundo y allí dentro puso la caja.

 

-         Nooooooooo – gritó Candy con desesperación

 

La muñeca comenzó a poner la tierra sobre ella y Candy quedó sumida en una profunda oscuridad.

 

-         Esto no puede estar pasando – lloró Candy.

 

Estaba encerrada, estaba lejos de todo lo que amaba, y estaba esa impostora tomando su lugar, su corazón se llenó de tristeza, nadie sabría que ella estaba allí encerrada mientras esa muñeca estuviera haciéndose pasar por ella. Ahora estaba enterrada, como si hubiera muerto pero nadie se daría cuenta ¿entonces que pasaría con ella? En medio de la desesperación comenzó a llorar… se sentía más sola que nunca. Estaba encerrada en esa horrible y fría caja de cristal.

 

¿Quién es esa?

 

Los siguientes días pasaron, cada vez la muñeca que había cobrado vida quitándole la energía a Candy estaba más cambiada, y a pesar de que era muy rara su actitud parecía que nadie más que los amigos de Candy lo había notado, pero aún ellos no se atrevían a decir nada, era algo extraño, cada vez que la veían acercarse sentían un escalofrío, les era incluso difícil hablar de ella cuando no estaba presente. Estando ella, se limitaban a mirarla mientras ella se acomodaba el cabello, o se alisaba la ropa.

 

Si, su comportamiento era vacío y quizá por eso en medio de las otras chicas que eran en mucho como muñecas, no la señalaban, por el contrario la estaban aceptando en el grupo como si fuera una más de ellas.

Nadie sin embargo sabía que ocurría con la que creían Candy, estaba muy cambiada, tanto que ya no se parecía en nada a la Candy, ni siquiera físicamente, se ponía tanto maquillaje que estaba empezando a verse como payaso. El cabello lo llevaba recogido en elaborados moños y sus ojos siempre tan vivos, estaban adquiriendo un brillo de maldad que nunca antes habían visto en los de Candy.

 

Esa tarde, mientras Stear y Archie comentaban el último encuentro con la muñeca que había dado lugar esa tarde, Archie se había sentido demasiado incomodo al ver como estaba actuando, él que siempre había considerado que la belleza era algo importante pensaba que esa nueva obsesión de Candy por querer verse bien no era algo que apreciará realmente. De hecho esa sensación de miedo regresaba a él cada vez que la miraba.

 

-         Mira no estas loco – afirmaba Stear – Yo también siento algo de miedo… ella, no puede ser Candy.

-         Es que como puede ser diferente, digo ella es la misma, y si no es ella ¿en donde esta Candy?

-         Creo hermano, que esa es la pregunta que deberíamos estar haciéndonos…

-         Mira Stear, esta bien, creo que esa chica no es Candy, pero ¿a quien podemos acudir para que nos haga caso? Llegar con la policía no nos ayudará mucho, dado que esta esa chica allí.

-         Entonces también ustedes lo han notado – escuchó decir Archie.

 

Al voltear la cara se encontró con Terry que caminaba hacía ellos.

 

-         Esa chica no es Candy… pero en cierta forma lo es…

 

Archie apretó los dientes, no le agradaba Terry, pero tampoco podía correrlo. Stear se puso entre ambos.

 

-         Hay que encontrar entonces que fue lo que sucedió… Esa chica no es Candy de eso estoy más que seguro…

-         Pero es ella

-         Si entiendo lo que quieres decir, tenemos que hacer algo…

-         No termino por comprender que es lo que podemos hacer – señaló Archie

-         Yo tampoco, pero se que no tenemos tiempo que perder.

 

Los tres se miraron sellando así tácitamente el acuerdo.

 

Héroe accidental

 

Candy aguardaba en la fría caja de Cristal, hacía días que había dejado de llorar, había llorado tanto que llegó un momento en que las lágrimas ya no podían salir de sus ojos, ella se sentía cansada, pero no podía dormir, la caja era demasiado fría como para recostarse en el suelo, así que permanecía parada tratando de no tocar las paredes de hielo, sentía que su energía se agotaba cada hora que permanecía allí parada sentía que se entumía, la rigidez de sus extremidades le estaba haciendo que perdiera la movilidad… ¿es que acaso se iba a convertir en una muñeca? ¿Es que acaso dejaría de ser la Candy activa y feliz que siempre había sido?

 

Candy estaba a punto de rendirse cuando la caja se movió terriblemente y cayó contra el frío suelo de la misma. “¿Qué sucede?” pensó.

 

En el jardín un chico que caminaba acaba de tropezar con la pequeña montaña de tierra que había quedado sobre la caja.

 

-         ¿Qué es esto? – se preguntó al momento en que comenzó a cavar con las manos.

 

Siguió haciéndolo hasta que topo con la caja de cristal. Con curiosidad la tomó entre las manos.

 

-         Uyy esto esta frío – exclamó

 

Sin embargo la siguió jalando hasta que la pudo desenterrar.

 

-         Neal – gimió Candy.

 

Si, Neal era quien había encontrado la caja, Candy al verlo a pesar de lo mal que siempre la había tratado, se alegró tanto de verlo que quiso abrazarlo, pero entonces se dio cuenta de que no podía mover los brazos ni las piernas, todo su cuerpo inmóvil cual si fuera una estatura permanecía en medio de la caja de cristal, con sus ojos le imploró ayuda, pero no sabía si él la entendería aún sin poder utilizar palabras.

 

-         ¡Vaya! ¿Qué tenemos aquí? – dijo el muchacho – Esta muy frío

 

Candy lo miró directo a los ojos y Neal los miró de vuelta.

 

-         Se parece a Candy – dijo finalmente

 

Neal tomó la caja y la llevaba en manos, y comenzó a caminar hacía el bosque cuando se encontró con Eliza, al verla instintivamente ocultó la caja detrás de él, pero no fue tan rápido como hubiera querido porque ella lo alcanzó a ver.

 

-         ¿Qué estás ocultando? – inquirió Eliza con voz autoritaria.

-         No es asunto tuyo – le respondió de mala gana Neal

-         Déjame verlo – le ordenó la chica.

-         No me pega la gana

-         ¡Que me lo muestres!

-         ¡Que no!

-         ¡Dámelo Neal! – dijo Eliza empezando a forcejear con su hermano.

 

Aún forcejeaban cuando Eliza alcanzó a ver de que se trataba y abrió los ojos desmesuradamente y se puso Pálida.

 

-         ¿De dónde sacaste eso? Dámelo ya…

-         Yo lo encontré, es mío.

-         No es tuyo… dámelo

-         No – refutó testarudamente Neal

 

Eliza trató de tomar la caja pero Neal la empujo, Eliza se abalanzó sobre él y al hacerlo los dedos del muchacho vacilaron y sintió que la fría caja se le resbalaba lentamente, Sin poderlo detener la caja cayó lentamente entre las piedras del camino. La caja se rompió en pedazos, las láminas se deshacían al tocar el suelo y se evaporaban. La muñeca que estaba dentro también se rompió junto con la caja.

 

-         Nooooooo – gritó Eliza desgarrando el silencio – Eres un inútil…

-         Fue tu culpa – se defendió el muchacho.

 

Mientras tanto en el salón donde la Muñeca estaba presumiendo su nuevo peinado, hubo un destello de una potente luz y cuando todo volvió a la normalidad, estaba desmayada.

 

Para reaccionara pasaron dos días, en los que Annie y Patty no se separaron de ella, finalmente abrió los ojos.

 

-         ¿Dónde estoy? – preguntó - ¿Por qué estoy en la enfermería?

 

Annie le explicó todo, pero Candy parecía no recordar nada, desde hacía días. Al final las monjas pensaron que Candy había tenido una crisis nerviosa por los exámenes, y menos de una semana después Candy había vuelto a ser la misma de siempre.

 

Sin embargo en la oscuridad de la noche, en una habitación que tan solo estaba separada por el pasillo de donde Candy dormía plácidamente, Eliza comenzaba a tramar una nueva estrategia, pensando que la siguiente vez tendría que ser mejor efectuada para que no volvieran a malgastarse sus esfuerzos.

 

Final

 

 

 

 

 

 

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