Your Text Here

Babel: ¿la mejor película del año?

Por Luis “Zacek” Burgos

 

Con una estructura narrativa similar a sus trabajos en Amores Perros y 21 Gramos, el director mexicano Alejandro González Iñárritu nos presenta Babel, el acto final de su trilogía sobre la condición humana. Con personajes tan diferentes en lugares tan distantes, pero con historias que poco a poco se unen, esta película es tan ambiciosa como poderosa, que los creadores han conseguido plasmar con gran éxito en la pantalla.

Babel es mejor de lo que esperaba. Desde hace tiempo se nos advirtió que era una gran película con muy buenas críticas y premios internacionales, pero realmente no estaba preparado para ver una película tan impresionante como lo es ésta.

Nunca fui un fan de Amores Perros y 21 Gramos, y menos de Crash, que ganó el Oscar como Mejor Película el año pasado con un mensaje más que masticado sobre “no ser racistas”. Babel es todo lo contrario, con una historia densa y complicada, igual que las relaciones entres los países, personas, amigos y familiares, llena de personajes bien elaborados que nunca se reducen a un estereotipo, y no sermonea a nadie al final. Las actuaciones, siempre excelentes y uniformes, van desde consagrados como Brad Pitt, el esposo desesperado en busca de ayuda, en una actuación que seguramente es la mejor que ha hecho en su carrera y probablemente una Oscar le merezca; Gael García Bernal, como un mexicano que al querer burlar a la patrulla fronteriza crea un final triste para uno de los personajes; Rinko Kikuchi como la chica sordomuda que en un Tokio ruidoso y lleno de gente quiere encontrar su identidad y aceptación a través de la sexualidad, hasta gente que en su vida había actuado frente a una cámara como los niños marroquís que al utilizar un rifle complican la vida de tantas personas en tan lejanos lugares. Ninguno de los personajes tiene un trasfondo o historia, y ese es tal vez el punto del director: que todos estamos conectados aún cuando no nos damos cuenta, en un mundo que paradójicamente se ha vuelto más pequeño gracias a la comunicación instantánea, pero a pesar de eso la película trata sobre los problemas de comunicación entre los humanos, de cómo somos incapaces de entendernos los unos a los otros, a pesar de estar en el mismo lugar y hablar el mismo idioma.

Técnicamente es perfecta, no sólo la dirección sino cada aspecto, desde la edición hasta la banda sonora, forman un todo sin errores; algunos cabos quedan sueltos pero es a propósito; sólo imaginar la locura que fue realizar la logística de filmar en Marruecos, Estados Unidos, México, Japón, y lograr actuaciones poderosas tanto en español, inglés, japonés, marroquí y hasta francés, le merecen al director todos los honores y premios por su trabajo.

Al final, lo más memorable es la manera en que se capturan escenarios y ritmos de vida muy bien definidos en cada uno de los países; y al final poder enlazarlos, es un logro que merece ser reconocido y que casi nadie se toma el riesgo de llevarlo a cabo (y mucho menos con éxito).

No es una película sobre héroes, sino sobre gente que trata de tomar lo que según ellos son decisiones correctas, y al final sufre las consecuencias de dichos actos. Mi mejor consejo es ir al cine sin esperar lecciones de vida o posturas políticas sobre temas ya han sido tocados hasta la saciedad en el cine; simplemente disfrutar de una película inteligente, de esas que ya casi no hay hoy en día.