


Damas Verdes.
Cuando por fin dimos con él después de una semana de búsqueda, lo que encontramos fue un hombre deshecho por el cansancio y el hambre, consumido hasta los huesos y completamente loco. Nadie comprendió nunca que él, que conocía a la perfección el bosque, se hubiera podido perder en un paraje tan cercano a su casa. Parecía increíble que no nos reconociera a ninguno. No pudimos sacarle una sola palabra con sentido. Una y otra vez nos hablaba de la hermosa dama del bosque, de su traje verde y de sus ojos misteriosos, a la que había estado persiguiendo día y noche sin poder alcanzarla. Según la criatura más bella y adorable que jamás había visto. Aquello me recordó las viejas leyendas olvidadas del pueblo, que cuentan la historia de unas damas vestidas de verde que se divierten enamorando a los hombres y haciéndoles sufrir por capricho. Pero nada dije a los otros para que no me tomaran a mí también por loco, ni siquiera cuando de regreso al pueblo, en el carro, él nos iba diciendo que ella estaba a nuestro lado y yo veía como la hierba se movía aunque no corriera el viento.
**** ********* **** ************** ***** ********* *****
Madremonte.
Un leñador salía cada mañana a talar los árboles, decidió un buen día alejarse de la zona en la que siempre talaba para internarse en el bosque del Llano Grande, mucho más frondoso y con árboles de mayor tamaño. Él había escuchado las historias que afirmaban que la guardiana de la selva, la Madremonte, se ocultaba en esa zona, pero nunca había dado crédito a tales palabras. “Son historias de negros”, se decía. Apenas había empezado con su trabajo cuando escuchó un rugido que resonaba en todo el monte. El rugido se escuchaba cada vez más cerca, pero por más que miraba por todos lados no lograba ver nada. De pronto, a lo lejos, en la zona más oscura del bosque, vio una enorme mujer cubierta de hojas, muy sucia, pero no pudo fijarse con detenimiento porque empezó a sentir un profundo sueño. Cuando despertó no recordaba nada, ni nada se oía a su alrededor, pero aseguraba a todos los que le vieron volver con las manos vacías que por la mañana, cuando salió de casa, llevaba un hacha que había desaparecido.
Regresa a la Portada